Otras cosas que aprendí en un monasterio budista

Hace poco hice un curso de meditación Vipassana en un monasterio budista en la ciudad de Chiang Mai, al norte de Tailandia, y conté mi experiencia acá.

Además, en este artículo comparto otras cosas que aprendí, y que me quedaron grabadas a fuego, como mantras para la vida.

Hacé más

Una conversación típica con el Maestro es más o menos así:

Alumno: — Meditar 25 minutos seguidos se me hace interminable, no dejo de mirar el reloj. 9 horas es mucho tiempo, ya no puedo concentrarme y me vence el sueño. Además, me duele la espalda y se me duermen las piernas cuando estoy tanto tiempo sentado.

Maestro: (escuchando impasible) — Mmmm, entiendo. Entonces vamos a probar: 30 minutos seguidos y 10 horas por día.

El alumno podía ser un novato como yo, un practicante de años, o un monje ordenado. La respuesta era siempre la misma: Hacé más.

Todos se quejan de lo mismo, al punto de que ya no es de uno, sino que es público: no es mi dolor, mi sueño, mi falta de concentración. No hay nada que te haga especial. Vi un hombre de 70 años postrarse ante Buddha, y niños de 7 años meditar por horas. Es difícil para todos, pero no es imposible para nadie. Lo importante es encontrar el balance entre el esfuerzo y el placer de hacer las cosas.

La meditación no es una postura, es un estado mental

Y ese estado requiere estar presente en todo momento, ya sea mientras manejamos, comemos o nos bañamos. Estar en el presente permite ver las cosas con calma y claridad, y que la incertidumbre del futuro no nos genere ansiedad, ni que un recuerdo del pasado nos asalte y nos llene de tristeza.

Para los budistas, estar presente es ser consciente de la impermanencia de las cosas. Cambiamos a cada segundo, e irremediablemente compartimos el mismo destino final. Estar presente es prestar atención a la realidad para que no se nos escape.

Aprender haciendo

Hay tres formas de aprender:

1. Leer, escuchar, que alguien nos cuente algo

2. Investigar y enfocarnos en algo en particular

3. Aprender haciendo

El último es el más efectivo.

Las únicas indicaciones que recibimos el primer día fueron: — Concéntrense en la respiración cuando meditan sentados, y en el movimiento de los pies cuando caminan. El resto lo aprendimos haciendo.

Aceptar, aceptar, aceptar

Aceptar tu condición de ser humano. Si estás pensando durante la meditación, reconocer: “pensando, pensando, pensando“, y no rechazar los pensamientos como si hubiéramos cometido un error, sino aceptarlos, y con tranquilidad volver a enfocarnos en la meditación. Aceptar que las cosas son como son y no como uno quisiera que sean, aceptar que no podemos cambiar el pasado. Aceptar, aceptar, aceptar. “Open heart, open mind“, nos repetía el monje.

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